viernes, 13 de noviembre de 2009

CUANDO NADIE TE QUIERE: EL ABUCHEO A CALDERÓN EN EL NUEVO ESTADIO DEL SANTOS

Una máxima de la política (al menos de la mexicana) es que se puede identificar muy bien para quíen estás trabajando como político (es un decir, sabemos que los políticos en esencia no trabajan, pero mantengámos la metáfora) siguiendo el ruido que hagan los aplausos que te dan. Esto es, si te aplauden los empresarios, los medios de comunicación, Aguilar Camín y Sergio Sarmiento, sabes que estás trabajando (comillas, comillas) en pro de la continuidad del sistema tal y cómo está y hacia la aniquilación total del estado (y de los latosos habitantes del mismo). Si, por el contrario, aplaude López Obrador (que raras veces aplaude), Julio Hernández y -gulp-  Manuel Bartlett, estás trabajando a favor del México nacionalista y patriotero que se nos fue. 


¿Pero que pasa cuando ya nomás tus amigos cercanos te aplauden? A Calderón lo abuchearon, fuerte, duro y tupido, en la inauguración del nuevo estadio del Santos de Torreón, una región metidísima en el famoso "norte progresista" del país, lo que significa una tierra dominada por empresarios de corte neoliberal. Incluso ahí, al abrir una sucursal del mítico "pan y circo", en un estadio que se rebaja a sí mismo hasta la ignominia al ponerle a una tribuna "soriana", y cosas por el estilo. Y aún ahí, el fabuloso "presidente del empleo" salió abucheado. Aunado esto al pleito casado que ya trae con los que le consiguieron el puesto (Consejo Coordinador Empresarial, Coparmex) y el hecho de que Televisa ya eligió al actor que lo relevará en el cargo (con todo y gaviota) parece ser que a Calderón ya no queda nadie más para aplaudirle. A la mitad del mandato y ya ni siquiera sus patrones quieren saber de él.


¿Y la verdad?


Se lo merece.